
Elena Basescu, en la imagen más formal que he encontrado por la red
Las elecciones europeas se han caracterizado desde su inicio por ser un incomodo trámite tanto para ciudadanos como para políticos, ya que mientras los primeros sienten la lejanía y la indiferencia de aquello que se aprueba en Bruselas, los segundos ven, de alguna manera, peligrar todo el sistema que les sustenta. La razón, la causa para el miedo y el temor de los políticos viene bien secundada en los cada vez mas decepcionantes resultados que otorgan a sus partidos este tipo de elecciones, en los que tienen mucho que perder y generalmente nada que ganar.
Empeñados en deshacerse de esa mala compañera que es la abstención con mensajes de miedo y crispación, solo las pequeñas formaciones parecen dar en el clavo sobre lo que la masa desea escuchar.
Ante las leyes invasivas y perniciosas que llegan de Bruselas, el euroescepticismo y el nacionalismo tiene todas las papeletas para reunir a los votantes ilusionados de los partidos mas jóvenes y hacerlos acudir a las urnas para asestar una patada en los cojones dolorosa a los grandes partidos nacionales, cuyo único y monótono mensaje consiste en azuzarnos para votar el no se sabe muy bien que.
Por lo tanto, y ante las reticencias naturales a la deshumanización, desnaturalización, globalización y algún sinónimo mas acabado en -cion que signifique una progresiva perdida de raíces en pro de una unión plurinacional insípida fomentada en unos valores templados, inocuos, grises y neutrales, no se a quien a estas alturas puede extrañarle que cada vez que surge la ocasión afloren elementos políticos que aprovechen este “aniversario” anti europeo para saltar a la palestra y hacerse con uno de los trabajos mas codiciados de un viejo continente que lucha agonizante por seguir manteniendo su heterogeneidad.
Así por ejemplo, y como habitante temporal, da grima me produce un sentimiento de tristeza echar un ojo a los eurodiputados que va a mandar Rumanía a la eurocámara.
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Unos metros de diferencia pueden convertir tus aspiraciones de futuro en meras brasas humeantes negras y podridas en un desierto de soledad. Así definiría las diferencias que se han establecido en ciertos lugares del mundo a través del tiempo y sobre todo a partir de las divisiones ideológicas y políticas que lastraron, y siguen lastrando la vida de millones de personas.
Enumero algunos ejemplos de ello como; el paralelo 38 en Corea, el muro de Berlín, la linea verde en Nicosia, el Telón de Acero y alguno mas que no me viene ahora a mi torturada mente senil.

Mapa de las Kuriles y sus diferentes fronteras temporales
En este no demasiado elaborado post, prefiero centrarme en otro lugar mas desolado y mas dejado de la mano de los dioses: Las islas Kuriles, cuya localización ya es de por si sufrida, y en las que la invasión soviética las dejo apartadas del espectacular progreso de su primer colonizador: Japón.
Las Kuriles enlazan por medio de un archipiélago de 1300 kilómetros de longitud la península de Kamchatka con Hokkaido, tienen un horrible clima subartico, son de origen volcánico y representan uno de los territorios disputados en la actualidad. Pertenecientes a Japón en el pasado y pobladas por gente de la etnia ainu, estos fueron expulsados de sus casas tras la definitiva victoria de los aliados en la segunda guerra mundial. A pesar de los sucesivos pactos entre las dos potencias para repartirse la soberanía de las islas (desde 1855 hasta 1945), la URSS se tomó la libertad de adjudicarse todo el archipiélago como trofeo por su intervención contra los japoneses. Es curioso comprobar como para Rusia las islas no eran mas que un lugar puramente estratégico donde operar militarmente mientras que Japón se preocupo siempre por su población nativa que allí vivía. Los nipones llegaron durante los diferentes tratados a regalar la isla de Sajalín (Sakhalin) a cambio de mantener y ser reconocido como el único estado que tuviera soberanía sobre todo el archipiélago. Es decir, reclamaba lo justo, con un trato que satisficiera ambas partes.
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Si hay algo en lo que los economistas coinciden al hablar de esta crisis, es que ya ha ocurrido antes. Alguien la sufrió, aguantó y sobrevive a sus consecuencias aún en la actualidad. La misma trampa de liquidez que sufrimos, e incluso con un tremendo paralelismo a la versión española de este monstruo que amenaza con destruir el país del flamenco y la paella tal como lo conocemos. ¿Se irán las birritas de después del trabajo para nunca volver?

TSE (Tokyo Stock Exchange) antes de la debacle.
En otro estilo, tanto social como económico, se desarrollaba Japón tras la Segunda Guerra Mundial, tras la Guerra de Corea y tras la crisis del petróleo. A partir del comienzo de la década de los 80 y mediante unas estrictas políticas gubernamentales se “sugería” a la población que la salida mas honrosa era el ahorro. Lo que se pretendía con ello era facilitar de sobremanera la obtención de créditos, avales e hipotecas, que en un breve lapso de tiempo se volvieron muy sencillas de obtener por parte de las entidades financieras. El crecimiento económico se mantenía en casi un 10% anual, los sueldos subían y el gasto y el consumo empezaban a estar descontrolados. Si además unimos a esto el enorme superávit financiero que tenia Japón en esta época, debido a la bestial producción de vehículos y de productos tecnológicos, y la apreciación del yen frente a las divisas extranjeras, podemos empezar a hacernos una idea de hacia donde se empezó a trasladar toda esta pelota. Una millonada aparentemente sin destino que pronto encontró su lugar.
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Paso fronterizo de Ledra Street, Nicosia
Recientemente estuve dando una vuelta rápida por Chipre en modo de turista dominguero y primerizo, y aprovechando que estaba allí pude observar algunas cosas que me llamaron la atención.
Flota en el ambiente que hay un halo superior que envuelve sin querer cualquier conversación. La división de la isla, las dos comunidades enfrentadas, ambas soportadas por dos países que se detestan entre si y cuyo pasado, presente y futuro ha estado, esta y estará siempre relacionado.
Chipre es una muesca mas en las tensiones históricas entre Grecia y Turquía, una isla que fue griega, otomana, inglesa y finalmente independiente por partida doble.
Como todo lo que deja Gran Bretaña en el camino… la independencia de Chipre en 1960 fue despropósito. Una constitución que proponía la unión de dos comunidades enfrentadas, una minoría turca que siempre se vio discriminada y un fanatismo nacionalista griego que culmino con el golpe de estado de 1974. Turquía, temerosa por la seguridad de “sus” ciudadanos invadió un tercio de la isla llegando hasta Nicosia. El ejercito griego no pudo revertir la situación y las áreas quedaron definidas. En 30 años ambos lados se encargaron de crear una identidad nacional: Chipre por un lado y la República Turca del Norte de Chipre por otro. Una plenamente independiente, europea, afín de Atenas y cada vez mas desapegada de la metrópolis y la otra como una pequeña reminiscencia de la política y el ejercito de Ankara.

Esta usted entrando en la RTNC
Desde que la isla (es decir, la parte griega) se unió a la UE en 2004 se han estado dando pasos de gigantes en pos de la unificación del norte y el sur. Se nota internacionalmente y se nota localmente. Todo parece indicar que a los greco chipriotas les tocará próximamente reintegrarse con sus vecinos turcos del norte, asumir su penosa situación económica y volver a reflotar por fin un territorio unido y soberano, esta vez juntos.
Pero a pesar de mis optimistas comentarios para los ingenuos e ilusos del mundo, he de recordar que esta situación, estas conversaciones y estos intereses ya han surgido antes. Durante mas de 15 años se han producido conversaciones entre ambas comunidades, siendo la mas intensa de ellas la previa a la entrada en la UE, que duró nada menos que 7 años. En aquella ocasión, ni los griegos ni los turcos supieron llevar a buen puerto las negociaciones, que acabaron rompiéndose y llevando a los griegos a hacer su propio camino por el que su territorio finalmente logró el ingreso en la Unión.
Denktash, líder turco-chipriota, ni siquiera logró que la UE reconociera la legitimidad de la parte norte, quedando fuera de toda legalidad.
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Menos plástico, menos bosques
No he tenido el placer de departir en exceso cuando he ido de compras en Bucarest, pero ni yo ni mis colegas de curro hemos sabido describir cual es el mal que atañe al comercio en este país. Hay sintomas de que algo pasa, de que ciertas costumbres y dejes se mantienen y de que hay modos que tardan mucho en cambiar, y es que existe un cierto pasotismo contagioso, un “no se que” comunista que impide hacer. No hay creatividad, no hay innovación, no hay iniciativa y no hay ni pizca de atención al cliente. Es decir, por ejemplo no es que esta última pueda recibir un calificativo, es que simplemente, no existe.
A comienzos de 2009 entró en vigor una iniciativa del ministro de Medio Ambiente, el señor Korodi, para reducir el consumo de bolsas de plástico no biodegradables gravando cada una de ellas con 20 céntimos de RON (menos de 5 céntimos de euro) lo cual es un intento loable. Todo esto esta muy bien, hasta que entras en una tienda, pagas 50 euros por una gran caja y te dicen que no tienen bolsas, porque se las gravan, y encima te ponen mala cara si te atreves a decirles algo. Es decir, hagas o no la compra, no parece importarle a nadie. No hay trato, no hay descuentos, no hay sonrisas, no hay amabilidad. Ni una solución para un problema insignificante e irrisorio ¿Es esto lo que queda tras el comunismo o es el nuevo orden de pasotismo mundial del cual soy abanderado?

Mordor.. o no?
Están en su derecho. Todavía tendría algo de sentido un comercio protector de sus clientes si hubiera mas mercado que el exclusivamente rumano. La tímida apertura al turismo que hace el país tiene su cúspide mas visible en la propia Bucarest. La ciudad aparece como la puerta de entrada, la Black Gate de Mordor de los Carpatos. El gran hub de comunicaciones con el resto de las ciudades y de la naturaleza rumanas. El pero, es que Bucarest no sirve ni siquiera para eso. Ni como objeto de visita ni como punto de partida para los demás destinos. La deficiente infraestructura de la ciudad, comparada con sus hermanas europeas, convierte cada traslado en un tormento de duración indefinida en el que maldices tu hora de entrada. Es una ciudad completamente saturada por su población que deja una vista al visitante muy pobre y que le da una imagen equivocada de lo que pudiera ser Rumanía. Ni siquiera la excusa que se esgrime aquí, por la que Bucarest es un cumulo de circunstancias puede salvarla, puesto que, que capital no lo es? Y aun así otras prosperan y reflejan las ganas, el trabajo y la honestidad de los pueblos que las habitan. Que van a tardar los rumanos en intentar solucionarlo? Empezando desde arriba, nadie estima un plazo, ni largo incluso, para ver la luz al final del tunel, y eso considerando que todo esto para ellos, que han vivido así mucho tiempo, sea un problema.
Será que me estoy volviendo muy quisquilloso.
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